Aunque muchos cuentos infantiles se hayan empeñado en hacernos creer que la vida en pareja es una balsa de aceite, la experiencia nos demuestra que la realidad puede ser más agitada. De hecho, el tópico del amor perfecto ha calado tan hondo en nuestra educación que a menudo nos sentimos mal y dudamos de nuestra relación simplemente por compararnos con un modelo ideal.

De otro lado el entorno social no suele compartir fácilmente los detalles de su intimidad, y si no tenemos la ocasión de hablar con alguien de esto de forma sincera, puede que sigamos comparándonos con ideales.

Tener en mente un objetivo de pareja ideal es fantástico siempre que sea constructivo y no lo utilicemos para sentirnos mal.

En cualquier caso, qué podemos hacer y como podemos utilizar las tensiones para evolucionar?

Entrena tu paciencia: hablar del conflicto fuera del conflicto.

Hablar del conflicto fuera del concflicto.

Hablar del conflicto fuera del concflicto.

Un factor muy importante a tener en cuenta es hacer lo posible por hablar del conflicto fuera del conflicto. Esto resulta difícil al principio pero es muy efectivo porque fuera del él estamos más dispuestos a escuchar y menos a atacar y a defenderos. Durante la discusión estamos tensos y queremos resolver la cuestión, tener razón, ganar y no estamos flexibles ni abiertos.

Lo primero que tenemos que aceptar es que nadie tiene razón, si no que cada uno ve las cosas desde su mundo, a través de sus gafas y filtra las experiencias según lo que le parece normal, correcto, ético, etc. Aceptar que nadie tiene razón pone los contadores a cero porque nuestra primera meta ya no es ganar la discusión sino comprender lo que sucede.

Entrena tu escucha: escuchar y entender profundamente al otro.

La segunda idea es escuchar y comprender el punto de vista del otro, porque si el otro no se siente comprendido estará ofendido y a la defensiva.

S. Covey hablaba en su libro de los “7 hábitos”” del “palo indio”, una tradición nativa americana en la que, a la hora de discutir asuntos importantes, la persona que habla sostiene un palo en la mano y nadie puede decir una palabra hasta que ésta le pase el palo a otra. Lo interesante es que solo pasará el palo cuando se haya sentido realmente escuchada y comprendida. Esto no se puede simular, realmente hay que tener la voluntad de comprender desde el corazón.

Entrena tu honestidad: comparte tus sentimientos.

Explicar lo que sientes es muy positivo por varias razones:

• Te ayuda a pasar del plano mental al físico/corazón.
• El otro empatiza contigo porque le estás mostrando tu intimidad de forma sincera.
• El enfrentamiento disminuye, porque los sentimientos no se pueden discutir, simplemente se sienten.

(Los sentimientos se pueden transformar pero eso es una tarea personal y voluntaria que parte de cambiar nuestro sistema de creencias).

Entrena tu humildad: predicar con el ejemplo.

La cuarta propuesta es ceder un poco en lo que nosotros queremos; ¿Si deseamos que el otro sea más flexible por qué nosotros no deberíamos serlo?

Cuando hacemos esto nos damos cuenta de lo difícil que es cambiar, y esto nos hace ser más compasivos y pacientes con el otro. De hecho, ¿cuántas veces utilizamos a nuestra pareja como excusa para no enfrentar nuestros propios desafíos?

¿Qué pasaría si utilizáramos la energía que desperdiciamos
quejándonos del otro para cambiar nosotros mismos?

Aunque puede ser difícil al principio, es cuestión de práctica. Es como una meditación en la que aprendes a distanciarte del problema para verlo con más claridad y desde otras perspectivas.

Si utilizamos estas discusiones para aprender más sobre nosotros mismos y sobre nuestra pareja, sentiremos que avanzamos en lugar de sentir que cedemos o nos bloqueamos.